Venta Zunbeltz - Trinidad de Iturgoien
Recorrido: Venta Zunbeltz - Trinidad de Iturgoien - Mugaga - Alto de la Trinidad - Venta Zunbeltz
Autor: Rey Bacaicoa, Javier
01/04/2001
06/08/2007
Método de Información de Excursiones
Mapa de la ruta
Descripción general de la ruta
La Trinidad de Iturgoien es ermita señera, de devoción comarcal, situada en las laderas del Sur de Sierra Andía. Su acceso suele hacerse desde el mismo Iturgoien, con una pista en excelente estado que permite acceder con vehículo. También se asciende desde Lezáun, por una loma limpia de arbolado. Visible desde muy lejos por su situación en zona despejada, marca el límite sur de los rasos de Andía.
La ruta que proponemos es muy atractiva. La ascensión es sencilla de hacer. Permite acceder al lugar desde el Oeste, en un camino muy variado e interesante, que nos permite conocer la geografía de la sierra, tanto en sus bosques como en sus zonas despejadas, así como conocer su estructura kárstica. Desde los restos de la antigua venta de Zunbeltz se asciende manteniendo como guía una tapia que nos lleva hasta la ermita. Visitamos después, cercana, la cima de Mugaga.
Para quien no desee hacer la segunda parte, la ruta puede ser de ida y vuelta. También es factible unirla a otras rutas véase la que une, por ejemplo, esta ermita con la de San Miguel de Goñi), o descender por la loma a Lezáun, Iturgoien...
Quien desee hacer la segunda parte necesita un poco de orientación y conocimiento del terreno. Se marcha hacia el norte, derivando después hacia el oeste para salir a la carretera por la pista de Ikomar, buscar cerca del asfalto Benta Berri y la calzada romana que nos devuelve al punto de partida en dirección sur.
Ruta paso a paso
Venta de Zunbeltz (restos de la antigua edificación). Km. 20 de la carretera Nacional 111 (Estella - Donostia). Se puede acceder por el Norte (a través del Puerto de Lizarraga), o desde el Sur (Pamplona - Echauri - Arizaleta - Lezáun)
Hace unos años la venta fue derribada. Hasta su cierre era un punto de venta de excelentes quesos. Sus dueños recibían amablemente a todos los montañeros que se acercaban por el lugar.
Situados en el portillo de la alambrada, mirando hacia el sur, podemos ver que el otro lado de la carretera está bordeado por una tapia de lajas de piedra, y que al final de la recta se aprecia otra tapia que sale hacia arriba, en la ladera, perpendicular a la de la carretera.
Mantengámonos atentos a ella, pues nos servirá de guía todo el camino hasta la ermita.
Cruzamos la carretera y atravesamos la tapia por una puerta metálica (dejémosla cerrada).
Orientándonos hacia el sureste vamos subiendo en diagonal la fuerte pendiente por trazas de diferentes sendas, a ratos entre el arbolado, a ratos entre matorrales y arbolillos de espino blanco o de pacharán.
Intentamos acercarnos a la tapia poco a poco, tratando de unirnos a ella en la parte superior, en lo que parece un (falso) collado, cubierto por hayedo algo más cerrado.
La pendiente se suaviza. Alcanzamos las cercanías de la tapia en un punto donde hace un ligero ángulo torciéndose hacia la izquierda en un amplio arco.
Hermosos arces se mezclan con el hayedo. Seguimos ahora con suave pendiente, casi en llano, por entre el hayedo claro. Piso pedregoso entre las hierbas, con losas de caliza sueltas. No es necesario ir pegados a la tapia. Incluso si nos apartamos unos 50-100 m iremos por terreno más cómodo.
De vez en cuando se abre algo el paisaje a nuestra izquierda, especialmente en época invernal (sin hojas en las hayas), y podemos divisar la parte norte de Andía y San Donato como telón de fondo.
Zona bastante abierta. Muchos troncos secos, algunos todavía en pie, otros caídos en el suelo.
Numerosos ejemplares de espino albar están invadidos por muérdago y líquenes.
Camino llano. Al norte asoma la herida blanca de la cantera en las laderas junto al túnel de Lizarraga.
8 minutos después aparece una puerta metálica en la tapia. No la atravesamos. De inmediato se inicia un claro descenso hacia un barranco transversal, atravesado por la pista de Zaborrate.
Borda de Lezáun, con corral, en buenas condiciones, algo por encima del fondo del barranco.
En el lado contrario vemos que la altura de la ladera alcanza una cota bastante superior.
Bajamos hasta el fondo pegados a la tapia, donde una pista llega desde el Sur y atraviesa una puerta metálica. Es el camino de Zaborrate. La borda del mismo nombre está algo más abajo.
Sin traspasar la puerta, siguiendo al mismo lado de la tapia, comenzamos a remontar la vertiente contraria del barranco. Subimos por zona despejada, en zig-zag por fuerte pendiente.
Un camino herboso, que pronto se vuelve pedregoso, asciende desde la izquierda y nos permite continuar por él hasta alcanzar la parte superior, otra vez junto a la tapia.
Al llegar a una zona más estrecha, cinco minutos después, la pendiente se suaviza y el camino se vuelve de nuevo herboso.
Un poco más allá hay otra puerta metálica hasta la que llega el camino que sube de Lezáun por la loma.
Conviene apartarse ahora un poco hacia el norte para no tener que perder altura. Enseguida damos vista a la ermita de la Trinidad y podemos decidir por dónde acercarnos de la manera más cómoda.
Pasamos en nuestro caminar junto a una depresión donde resguardada por las rocas se encaja una pintoresca borda de pastores construida con lajas de piedra.
Circulamos paralelos a una alambrada que nos separa ahora de la tapia y la seguimos hacia arriba hasta llegar al punto más alto, donde podemos atravesarla con comodidad por la ausencia de algunos alambres en su parte superior (en caso de que no encontremos el paso, doscientos metros más allá está la puerta metálica que permite el paso de la pista que sube de Iturgoien).
Cruzamos a continuación la tapia por una zona derruida y llegamos a la pista de Iturgoien, muy cerca ya de la ermita.
Ermita de la Trinidad de Iturgoien
Restaurada recientemente, tiene una magnífica situación, dominando tanto el barranco en cuyo fondo divisamos el pueblo de Lezáun como la panorámica que se abre hacia el Norte, con la Sierra de Andía, Beriain (San Donato), Aizgorri, etc.
Un banco corrido junto a la pared, y una zona-refugio para momentos climáticamente rigurosos, nos invitan a descansar y almorzar.
Dentro de la zona-refugio, entre las dos ventanas orientadas al sur, se encuentra el buzón montañero, colocado en 1960.
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A nuestra izquierda, cubierta de arbolado, tenemos relativamente cerca la cima de Mugaga. Descendemos hacia el este a buscar el collado entre ambas cimas, señalado por un haya solitaria en medio del prado.
Después ascendemos por la vertiente contraria y buscamos el punto más alto entre las hayas achaparradas.
Hemos de avanzar un rato por lo más alto hasta que encontramos...
En medio de un claro entre hayas retorcidas, con numerosas lajas de piedra asomando entre la hierba, tenemos el vértice geodésico y el buzón (en forma de gran píldora de acero inoxidable).
Vista prácticamente nula, tapados por el bosque cercano.
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Volvemos de nuevo hasta la ermita. Desde aquí, y si no tenemos problemas de visibilidad (niebla), vamos a intentar el regreso por otro camino para hacerlo más ameno. La vuelta supone unos 5 km más.
Si tenemos dudas o no queremos hacerlo tan largo podemos volver por donde hemos venido.
En primer lugar regresamos por el camino de ida, y cuando vamos a iniciar el descenso hacia Zaborrate abandonamos el camino hacia la derecha y nos orientamos hacia el Norte, para visitar Malkaxko (llamado también «Alto de la Trinidad»). Por los lomos más altos llegamos enseguida a...
Malkaxko (Alto de la Trinidad). Señalado por un pequeño montón de piedras.
Es el punto más alto de la zona, aunque difícil de determinar por lo tendido del terreno.
Si nos desplazamos hacia el oeste acabaremos por encontrar una fuerte pendiente. Volviendo por el camino podemos descender hacia el camino de Zaborrate, para tomar después las marcas en diagonal que descienden hacia el norte y acaban por discurrir en sendas que discurren por el barranco. Puede ser la opción más cómoda.
También podemos descender en sentido norte, en cuya dirección, descendente también, encontraremos la pista de Ikomar que comunica la carretera (al oeste) con la balsa del mismo nombre por otro barranco más ancho, perpendicular al anterior.
Como alternativa describimos una solución intermedia (no necesariamente la mejor). Tomamos primero en dirección oeste por lo más alto, hacia un suave collado.
Al llegar al collado comenzamos a descender al noroeste hacia el nacimiento de un barranco, del que se ven asomar algunos árboles. Como referencia de dirección podemos tomar el «morro» de San Donato.
Al fondo se divisa la pista de Ikomar y más allá la carretera.
Vamos bajando y, al llegar a los primeros árboles, nos salimos por la ladera derecha para ir faldeando, dejando atrás esta depresión, demasiado escarpada y complicada para iniciar el descenso. Al principio trataremos de no perder ni ganar altura.
En la imagen vemos el itinerario a seguir hasta la carretera.
En primer lugar, cuando la pendiente se vuelve practicable, sin camino definido, descendemos entre el sotobosque de espino y bojes (por lo más sencillo), que pronto deja paso a las hayas, más cómodas de atravesar.
Llegamos al fondo del barranco de Zaborrate. Las hayas se mezclan con espinos blancos a partes iguales.
Tomamos a la derecha, a veces por traza de camino, otras sin ellas, pero con terreno sencillo y agradable para caminar.
A medida que nos acercamos hacia la pista de Ikomar el terreno se va abriendo y despejando. Al fondo, sobre las laderas que cierran el horizonte norte, se ve un grupo de bordas que nos puede servir como referencia de dirección para acercarnos al cruce.
Tras dejar a la izquierda una borda con redil alcanzamos, poco después, la pista de Ikomar. La tomamos a la izquierda. Hay una placa de piedra señalizadora pintada en rojo y verde.
Carretera.
Desciende de la derecha desde el túnel de Lizarraga, y en este punto traza una curva cerrada. La pista acaba con un paso canadiense para evitar que el ganado salga por la misma hacia el asfalto.
Cruzamos al otro lado para buscar una senda entre los matorrales que marcha paralela a la calzada, a unos 50 metros de distancia. Después se hace más definida y va entre el arbolado, siempre algo distante del tráfico rodado.
Enseguida atravesamos una puerta de hierro en otra tapia separadora. La senda continúa al otro lado, siempre cerca de la carretera.
Tras dejar sobre nosotros, a la derecha, dos bordas con gallineros incluidos, nos topamos con una pista de grava que baja a cruzar la tapia por puerta de hierro y sale a la carretera.
En este punto hemos de salir durante unos cientos de metros a la carretera, pues si nos aventuramos a continuar como hasta ahora, la vegetación se cierra en exceso y desaparece el camino.
Sin embargo también podemos subir por la pista unos metros y avanzar a media ladera hasta ver los edificios de Benta Berri y descender por el prado hacia ellos.
Si hemos seguido por el asfalto para no ascender, cuando la carretera traza una curva a la izquierda llega por la derecha una pista desde un grupo cercano de edificaciones. Nos acercamos a las mismas cruzando un paso canadiense.
Estamos en Benta Berri. Bordas y corrales forman un conjunto de edificios rodeado de fresnos y otros árboles. Hasta aquí llega una desviación de la calzada romana que baja desde San Adrián.
Tomamos la pista que, pasando entre las bordas se aleja por terreno llano girando cada vez más hacia el norte y dando la espalda a la carretera.
Si hemos optado en el punto anterior por subir un poco, veremos las bordas desde arriba y bajaremos dejándolas a la izquierda para buscar la línea recta de la calzada romana que cruza de norte a sur más allá.
En la pista de Benta Berri, cuando ya estamos orientados hacia el norte, aprovechamos unas marcas de camino herboso que, en perpendicular, marchan al oeste a unirse en poco rato con la calzada romana.
Paralelos a la falla (ladera) que tenemos al oeste, la calzada avanza hacia el sur confluyente con la carretera que antes hemos cruzado, y que encontraremos de nuevo ya casi en Venta Zunbeltz.
Alambrada con escalerilla.
La cruzamos y seguimos la senda. La senda es irregular, a veces estrecha, a veces más ancha, entre espinos o por terreno abierto.
Pronto marcha junto a la tapia de la izquierda.
Cinco minutos después salimos por puerta de hierro a la carretera. Nos quedan de doscientos a trescientos metros hasta la venta.
Venta Zunbeltz (hemos dejado la imagen de la antigua venta, que no corresponde a la actual, para recordar cómo era el viejo edificio).
Fin del recorrido.