Aunque sepamos que los bosques son beneficiosos no siempre somos capaces de identificar sus aportaciones. La ciencia forestal agrupa estos beneficios en cuatro tipos.
Las funciones biológicas responden al mantenimiento de la biodiversidad y del patrimonio genético de sus pobladores.
Las funciones ambientales son las aportaciones de los bosques para la protección del medio físico y el mantenimiento de los recursos naturales (regulación del ciclo del agua, conservación del suelo, limpieza de la atmósfera, reducción del ruido, diversificación del paisaje, control de la erosión...) y para la preservación de las infraestructuras antrópicas (protección de carreteras, poblaciones, embalses, reducción del riesgo de inundaciones...). Las funciones económico-sociales tienen que ver con la obtención de recursos que contribuyen a la obtención de rentas monetarias. Y las funciones de usos paisajístico-recreativos se refieren a las aportaciones de los bosques en materia de bienestar físico y emocional de las personas, en actividades como el esparcimiento, deporte, caza, recolección de productos, contemplación de la naturaleza, etc.