Tipo de actividad Zona de Navarra Forma del recorrido

Romería de Lumbier a la Trinidad

Recorrido: Lumbier - Ermita de la Trinidad (y vuelta)

Autor: Rey Bacaicoa, Javier

26/05/2002 11/06/2002

2,0 km
68 m
356 m
5:18 h

0,3 km
0,3 km
1,5 km
298 m
731 m
432 m


Baja

Método de Información de Excursiones

Medio No hay factores de riesgo
Itinerario
Desplazamiento
Esfuerzo

Mapa de la ruta

Descripción general de la ruta

Dice Eusebio Rebolé Del Castillo (historiador de la villa de Lumbier):


"La cofradía o hermandad de la Santísima Trinidad se constituyó por un grupo de lumbierinos fervorosos que así lo acordaron el 6 de enero de 1850, con el fin de asistir en procesión a la ermita, vestidos de penitentes, en el día señalado de la festividad".


No pensemos, sin embargo, que fue en ese año cuando se celebró por primera vez la romería. El mismo autor afirma que "...se venía celebrando muchos años antes, quizás siglos, de la fundación de la cofradía".


Desde luego todo hace pensar que tiene razón. Las formas, los rituales, las vestimentas y costumbres que la acompañan, entroncan con otras manifestaciones del mismo tipo, celebradas en Roncesvalles, en Izaga, en Ujué, que parecen surgir de tradiciones comunes, arraigadas al menos desde la edad Media. La talla original que presidía la ermita (actualmente en el monasterio de Leyre) data del siglo X, lo que indica una antigüedad de la devoción acorde con la misma.

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Ruta paso a paso

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A las 8 de la mañana presididos por la cruz parroquial, que llevan dos (a veces tres) monaguillos vestidos de blanco, la comitiva parte de la iglesia de Lumbier, tuerce por la calle Mayor a la derecha y baja a buscar el puente medieval que le permita afrontar el camino de ascenso a la ermita.


Al asomarse sobre el río ya se divisa en el horizonte la blanca silueta de la Trinidad.

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"...Los hermanos acudirán entunicados, con cruz y descalzos a la ermita de la Santísima Trinidad, el domingo en que Nuestra Santa Madre Iglesia celebra la fiesta de su nombre... y asistirán a la función que en ella se celebre, bajo la multa de una peseta, a no ser que justifiquen su no asistencia, ya por enfermedad, ya por ausencia o por otros motivos que se juzgue suficiente por el prior y cargos..."

Así reza la octava regla de la Congregación o Hermandad, tal y como se redactó en 1850.

Este año la romería se celebró el 26 de mayo. Fue día grande, pues la Cofradía había rehabilitado la ermita, y ésta lucía sus mejores galas. Entre ellas la colocación de una réplica moderna (en piedra) de la talla que representa a la Trinidad, y que a partir de ahora presidirá las misas que se celebran dicho día al aire libre.

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El camino se hace duro, pero soportable.


Otra cuestión será cuando bajemos.


De momento duele más la pendiente que las piedras en los pies. La mañana es agradable y la luz diáfana. La senda hace un zig-zag continuo para encaramarse por las laderas pedregosas, donde crecen el boj, las ollagas y los enebros.


Los senderos están salpicados de gentes que ascienden junto a los romeros o los ven pasar.


Este año, para subir los materiales de las obras, se ha acondicionado algún camino, y los vehículos han ascendido hasta lugares antes impracticables.

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La villa de Lumbier se queda abajo. Las crestas de alrededor muestran las siluetas de los molinos, hoy parados por la ausencia de viento.


Poco a poco vamos tomando altura y la ermita se aproxima en el horizonte.

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Junto a la ermita espera el ermitaño con la cruz.


Otea el paisaje y espera la llegada de los entunicados. Subido en un amontonamiento de cascajo, con vistas al valle, al pueblo, a la foz, preside la mañana.

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Son muchos años de fidelidad a la romería.


Tengo imágenes de este hombre con veinte años menos. Pero es que revisando la documentación lo he visto, en algún libro, con otros tantos más joven.


Aquí está siempre, sin faltar nunca al momento especial del beso de las cruces.

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Cuando los monaguillos llegan a la altura del ermitaño, inclinan la cruz, él hace lo propio, y ambas se besan.


Después van pasando todos los romeros, que hincan la rodilla en tierra mientras mantienen en alto la cruz, con sus rostros cubiertos, y afrontan el último repecho para llegar a la ermita.

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Al fin termina el trayecto de ascenso.


Los romeros cruzan por delante y van a dejar su cruz y sus ropajes apoyados en la parte trasera de la ermita.


Descansarán unos momentos y se iniciará la misa al aire libre...

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Un altar de cemento, junto a la ermita, preside la misa.


El panorama de la cuenca de Lumbier queda a sus pies.


Tras la misa llega el almuerzo. Cada cual saca su fiambrera, su guiso, su bota. Se hacen corrillos, se invita al vecino... Muchos se toman un caldo en el cubierto adosado a la ermita, donde se ha guisado el almuerzo del ayuntamiento y donde se reparte también un tentempié a quien allí acude.

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La mujer, como en muchas romerías tradicionales, donde se prima el esfuerzo físico como sacrificio, no tiene (hasta ahora) un papel protagonista.


Sin embargo, muchas son las que acuden a la ermita y mantienen una devoción inquebrantable.


Después de la misa, las visitas son continuas al interior del lugar...

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Mientras tanto, los niños encuentran siempre algún elemento de diversión. La campana de la ermita es algo tan novedos que por un día surgen como hongos los voluntarios y aprendices de campanero.

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A las doce se reza la Salve.


Previamente los romeros han vuelto a vestir sus ropas negras.


Los que bajarán descalzos vuelven a quitarse las "deportivas" y cantan a coro apoyados sobre la cruz que van a cargar.


En el descenso saludan de nuevo a la cruz de la ermita rodilla en tierra.


Después llega el "calvario" de las piedras, que hay que pisar con tiento, cuesta abajo... Para mayor sufrimiento este año, con tanta obra, el suelo está removido y el cascajo más suelto.

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El descenso marcha muy despacio.


Los niños que van delante, calzados, se vuelven impacientes, esperando que sus padres les alcancen.


Pero por fin se acerca el llano y la ribera del río.

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Un último descanso antes de subir al pueblo.


Es el momento que mejor sabe.


La cruz se apoya en el suelo. Un trago de agua, los pies sobre la hierba fresca del puente y de la orilla.

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Y el repecho final.


La gente que no ha subido a la ermita sale a recibir a los romeros.


Suenan las campanas de la parroquia.

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Y los romeros vuelven a cubrir el rostro.


Cruz en alto, en fila india, desandando los últimos metros, acceden a la iglesia entre la gente endomingada...


Hasta el próximo año. La cita... El domingo de la Trinidad.

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Bibliografía principal


Historia de la villa de Lumbier-Ilumberri - Rebolé del Castillo, Eusebio - Ayuntamiento de Lumbier (1988)



Las fotografías fueron obtenidas el 26 de mayo de 2002. El autor ha realizado reportajes de esta romería en diferentes ocasiones, desde el año 1983. En la exposición Romerías de Navarra pueden ver otras imágenes de la misma en blanco y negro.


Este acontecimiento ha llamado la atención de numerosos y muy conocidos fotógrafos, tales como José Ortiz Echagüe, Koldo Chamorro o Cristina García Rodero, entre otros.


Quien desee visitar la zona como un paseo de montaña, puede obtener datos en el SL nº 1015, descrito por Daniel Iriarte.