San Miguel de Goñi - Trinidad de Iturgoien (Un paseo por los rasos de Andia)
Recorrido: Ermita de San Miguel de Goñi - Trinidad de Iturgoien - Balsa de Ikomar - San Miguel de Goñi
Autor: Rey Bacaicoa, Javier
12/07/2003
14/07/2003
Mapa de la ruta
Descripción general de la ruta
San Miguel es una ermita que asoma entre las hayas, casi en la cresta, cuando la buscamos desde la localidad de Goñi. Queda en las estribaciones que caen hacia el este de la sierra de Andia. Es accesible desde un carretil antiguamente asfaltado y hoy con más piedras que asfalto, que sube desde el pueblo. Hasta hace unos años estaba cerrado con cadena los fines de semana. Hoy en día lo habitual es que esté abierto, y sin grandes dificultades, podamos subir con vehículo hasta la ermita. Si no la retiran, cuando hemos hecho la ruta había una roca cruzada en medio del carretil, pero dejaba el sitio justo para pasar con el coche.
La Trinidad de Iturgoien queda al sur de la Sierra. Domina desde la altura de los rasos la localidad de Lezaun. Hasta ella llega de Iturgoien una pista muy cuidada, transitable por vehículos.
Entre ambas vamos a describir un recorrido que desciende suavemente en primer lugar por hayedos que acaban por ceder el protagonismo a los rasos a la altura de las bordas de Urdanoz y El Pelotón. Después el camino enlaza con un collado, junto a una pequeña caseta solitaria en la loma desde la que divisamos la balsa de Ikomar. Descendemos de nuevo con suavidad y ascendemos en dirección sureste hacia otro collado hasta el que llegan los bosques de los barrancos que marcan el límite sur de Andia. Torcemos entonces en ángulo recto para tomar un camino por la altura, que sin entrar en el arbolado nos lleva hasta las inmediaciones de la ermita de la Trinidad tras superar la tapia que marca el límite del Parque Natural de Urbasa-Andía.
Proponemos luego el regreso desviándonos algo hacia el oeste para visitar la balsa de Ikemar y retomar el itinerario inicial en el collado junto a la caseta.
El recorrido, en verano, es una delicia paisajística y natural. Grandes rebaños, especialmente de caballos, pero también de vacas y ovejas, pastan por los rasos y se acercan a las balsas a calmar la sed. En sus orillas crían las ranas y saltan al agua en masa en cuanto nos acercamos. Los córvidos dominan el aire en pequeñas bandadas.
La gran pared de la sierra de Beriain, con la ermita de San Donato, domina el horizonte norte. Manchas de almohadillas de brezos y enebros marcan las zonas menos presionadas por los pastos. Las dolinas, menos abundantes que en Urbasa, pero igualmente presentes, nos recuerdan la estructura kárstica que impide la presencia de fuentes y corrientes de agua.
La ruta puede enlazarse o combinarse con otras ya publicadas en Rutas Navarra, como la que asciende a la Trinidad desde Venta Zunbeltz, o la que recorre Treku, Txargain y Peña Blanca.
Ruta paso a paso
Ermita de San Miguel de Goñi.
Como decimos en la introducción, se accede a ella por un carretil que sube desde Goñi (2,6 km), cada vez en peor estado. Si encontráramos el carretil cerrado con cadena tendremos que sumar esta distancia al recorrido. Últimamente no está cerrado, aunque podemos encontrar alguna dificultad por el camino.
La ermita está rodeada de hayedo, aunque desde su portada podemos ver, especialmente en invierno, la localidad.
Donde acaba el carretil hay espacio de sobra para aparcar. De ahí mismo parten dos caminos. Tomamos el que sube suavemente más a la derecha (en ángulo recto desde el carretil, en dirección oeste).
Vamos por hayedo algo aclarado. Espinos en los bordes. El suelo del camino está muy erosionado. En realidad está formado por dos sendas que se entrelazan.
Observamos las hojas del hayedo fuertemente afectadas por la plaga que cita García Bona en el artículo que publica esta misma web.
Puerta metálica. Cierra una alambrada que nos separa del parque de la sierra de Andía.
Por la derecha, siguiendo la alambrada, llega el itinerario que visita las cimas de Treku, Peña Blanca y Txargain. El nuestro sigue por el camino, ahora en suave descenso.
La alambrada nos acompaña a la izquierda, separando el camino de una parcela donde el hayedo está protegido del ganado, en franco crecimiento. Numerosos árboles jóvenes, muy apretados, crecen disputándose la luz.
Cruce de caminos. Llegan otras marcas en descenso desde la derecha.
A la izquierda hay un gran estanque de hormigón con un aska en la parte inferior (hacia el sur). Cuando pasamos nosotros está vacío. Girando hacia el mismo podemos bordearlo indistintamente por la izquierda o por la derecha. Aquí el camino toma dirección sudoeste, siguiendo el fondo de la vaguada.
Hemos de acordarnos al volver para no seguir, en el cruce de caminos, la opción equivocada.
0:21 - A la derecha del camino hay un agujero que podría ser una posible sima.
Ruinas de las bordas de Urdánoz. Hay otras muchas por la zona. Estos lugares antiguamente habitados por los pastores que venían con sus rebaños a pasar el verano en la sierra, han perdido sentido con el tiempo. Ahora quedan algunos pastores, pero ya no suelen dormir en la sierra.
Las dejamos a la izquierda. En esta zona nos abrimos al raso. Una puerta metálica, en una alambrada, da continuidad al camino al otro lado.
La senda marcha por el fondo del barranco, con las alambradas unos metros a la izquierda. Observamos una pista que llega de más al este hasta otra puerta metálica. Procuremos no confundirlas al volver.
Aparecen más ruinas de bordas a lo largo de los próximos mil quinientos metros.
Otra puerta metálica en la alambrada de la izquierda. Salimos entre árboles otra vez a raso.
En este lugar, cuando divisamos a la derecha, sobre la cresta, la presencia de una cabaña pintada de blanco, nuestra senda se desvía en ese sentido, apenas dibujada en la hierba, por un barranco lateral, abandonando así la compañía de la alambrada. A la izquierda quedan, detrás de la alambrada, las ruinas de las bordas de «El Pelotón».
Vamos por el fondo del barranco durante unos metros hasta encontrar la senda que asciende hacia el collado que vemos a la izquierda de la cabaña.
Las marcas de un camino nos indican por donde subir la ladera occidental del barranco. La senda asciende entre numerosos espinos blancos que alcanzan talla de arbolillos y que salpican el fondo y el inicio de la ladera.
Pronto se define con claridad y tras algún cambio de dirección ataca directamente el collado.
A unos sesenta metros de la borda alcanzamos el collado.
La vista sobre Andía es excelente. A la derecha, hacia la borda, vemos al fondo la pared de Beriain y la ermita de San Donato en la cima. Más al oeste destaca la herida clara de la cantera junto al túnel de Lizarraga y al fondo la cima de Baiza.
El camino principal desciende a buscar la balsa de Ikomar, en la hondonada. Pocos metros más abajo hay una bifurcación en Y. Después volveremos por el otro camino. Tomaremos la izquierda para seguir nuestra ruta. En la cresta del suroeste vemos asomar una mancha de arbolado, todavía lejana. Hacia ella hemos de ir acercándonos por los caminos, pues detrás, a su derecha, se encuentra la ermita de la Trinidad.
Casi en línea recta el camino marcha entre dos manchas de almohadillado de brezos y enebros (véase foto siguiente).
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Allí donde los brezos terminan, el camino sale a otro perpendicular. Viene de la derecha desde la balsa de Ikomar.
Enfrente tenemos tres hermosos socavones. Son tres dolinas formadas por el hundimiento del subsuelo. En algunas la humedad acumulada propicia el crecimiento de arbolillos solitarios.
Tomamos a la izquierda.
Unos 150 metros más allá abandonaremos el nuevo camino para girar a la derecha por estrías en el prado que nos permitirán iniciar el largo ascenso hacia un collado muy claro que tiene arbolado a la derecha y una loma despejada a la izquierda (véase la imagen). Se ven algunas trazas algo más allá. Pero nosotros seguimos las primeras que hemos encontrado.
El pasto está salpicado de pequeños espinos blancos.
Collado.
A la izquierda tenemos una ladera herbosa que sube hacia una loma. A la derecha algunas rocas sobresalen en una pequeña elevación, con hayas sobre las mismas, a escasos metros de donde estamos. Al frente el bosque de hayas desciende por zona deprimida.
Giramos 90 grados a la derecha y vamos por lo más alto, tratando de rodear el arbolado sin entrar en el mismo.
Las capas de calizas que forman las rocas tienen una estructura laminar, aprovechada en muchos lugares de la sierra en la construcción de tapias y bordas.
Subimos un poco hacia una suave loma.
Casi en lo más alto rodeamos un hoyo profundo, con paredes verticales en algunos bordes. El fondo es irregular y puede que guarde la entrada de alguna sima. Los árboles crecen hasta el mismo borde.
A la derecha, un poco más abajo, pasa un camino herboso y amplio. Lo tomamos para ver enseguida la ermita de la Trinidad de Iturgoien asomando tras el arbolado, en una loma despejada.
Por delante pasa la tapia que separa los términos de Andía e Iturgoien.
Una alambrada, paralela a la tapia, nos cierra el paso. Pero el camino desemboca en una puerta metálica que nos permite superarla.
Una vez pasada tomamos la tapia a la izquierda, hasta una cercana borda de piedra frente a la cual sube la pista de Iturgoien que gira y atraviesa la tapia (desaparecida en este punto), para llegar en ascenso hasta la ermita.
Subimos por lo más cómodo, por la hierba...
Ermita de la Trinidad de Iturgoien.
Punto culminante de la zona. Dentro del porche-refugio adosado en ángulo recto existe un pequeño buzón pegado a la pared entre los dos arcos que dan al sur (recuadro en la foto). Colocado el 12/06/1960, se mantiene en buenas condiciones, probablemente debido al hecho de estar a cubierto de las inclemencias del tiempo.
En este refugio hay también fogón en uno de sus ángulos y banco corrido. La ermita, del siglo XIII, fue restaurada en 1994 y también presenta banco corrido que da al sur y que permite aprovechar la sombra, lo que hace el lugar muy agradable.
Sobre la puerta, a la derecha, hay espadaña de forja con campana, veleta y cruz.
A los pies se extiende un magnífico paisaje. Estamos en una gran balconada sobre Tierra Estella. A los pies Lezaun. Más allá pueblos como Arizala, Ugar, etc. Al fondo Montejurra, Monjardín. A la derecha Peñas de Azanza, Sierra de Lokiz, Ioar. Más cercano Dulanz. A la espalda Beriain y a la izquierda Mortxe, Sarbil, Higa de Monreal... Muy cercana, arbolada, la cima de Mugaga.
Volvemos sobre nuestros pasos, por el camino que atraviesa la alambrada y pasa por las inmediaciones del socavón antes citado.
En el punto más alto, donde deberíamos abandonar el camino hacia la derecha si quisiéramos volver por donde hemos venido, no lo hacemos.
Vemos que el camino se dirige en suave descenso hacia una borda situada en una especie de hondonada al norte. Lo seguimos sin problemas, pues nos va a conducir hasta ella.
Pasamos otra zona donde predominan las almohadillas de brezos y nos vamos encajando en una vaguada con algo de arbolado.
Restos de una pequeña balsa.
Es probable que en otras épocas del año tenga agua. En el centro queda el esqueleto de un arbolillo.
Subimos al frente, por camino estriado, en dirección a la borda cercana.
Borda Mindasarlo. Tiene varios corrales adosados.
Está bien protegida del viento norte por una loma cercana. La salida es hacia el este, cruzando por delante de la edificación. No es necesario ganar demasiada altura, sino que bordeamos la loma por la derecha, por sendas a media ladera, subiendo un poco, luego en horizontal y luego en suave descenso.
Pronto damos vista a la balsa de Ikomar. Descendemos hacia ella.
Balsa de Ikomar.
El ganado acude en masa, en los días calurosos, a reponer líquidos. En el rato que hemos permanecido a su alrededor hemos visto incluso caballos comiendo, semisumergidos en el agua, las plantas que flotan en la misma.
En la ladera norte hay dos pequeñas casetas de pastores. A ella llega, además del camino que hemos seguido, otros 3 caminos y la pista que llega desde el oeste, de la carretera del túnel de Lizarraga. Numerosos batracios crian en sus orillas. Sus fondos impermeables impiden la filtración del agua y permiten su acumulación durante las épocas lluviosas.
Tanto al norte como al sur hay dos cuadros donde, protegidos, se están criando plantas de arce.
Tomamos hacia el este, por camino que asciende hacia el collado por el que pasamos a la ida. Se divisa la cabaña blanca, ahora a la izquierda sobre dicho collado.
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Pocos metros antes de alcanzar el collado nos unimos al camino de ida (antes describimos esta bifurcación como «en Y»).
Descendemos al otro lado, tras superar el collado, para alcanzar el fondo de la vaguada y nos acercaremos hacia la alambrada que separa el camino de las ruinas de bordas de «El Pelotón».
Recordemos que en el lugar donde la vaguada lateral se une a la que lleva la alambrada hay una primera puerta metálica. Hemos de desechar también una segunda puerta que da paso a una pista y, siguiendo en ascenso por la senda que lleva la alambrada a su derecha...
Tercera puerta metálica. Recordemos que está en zona despejada, en pendiente. Al otro lado, unos metros más adelante, quedan entre la vegetación las ruinas de las bordas de Urdanoz.
Seguimos cerca de ellas el camino que se adentra entre las hayas en ligera pendiente ascendente...
Estanque y aska de hormigón.
Recordemos que sobre los mismos, por detrás, hay un cruce de caminos.
Debemos tomar ahora hacia la derecha, en ascenso por el bosque.
Ocho minutos después superamos la última alambrada por puerta metálica y comenzamos a descender hacia la ermita de San Miguel.
Fin de trayecto.