Unzué - Peña de Unzué
Recorrido: Unzué - Peña de Unzué - Unzué
Autor: Rey Bacaicoa, Javier
04/05/2003
06/05/2003
Mapa de la ruta
Descripción general de la ruta
La Peña de Unzué es una de las siluetas más familiares para quien tiene que circular por la carretera nacional N-121 Pamplona-Zaragoza o por la A-68.
Separada hacia el sur de la sierra de Alaiz muestra su rocosa pirámide destacando airosamente sobre el carrascal de su base. Más de una familia navarra tiene sobre el sofá del cuarto de estar un cuadro con esta cima como motivo principal.
Sin embargo el acceso a la cima es relativamente sencillo y corto desde la localidad que lleva el mismo nombre. En aproximadamente tres cuartos de hora se puede ascender hasta lo más alto para disfrutar de una excelente panorámica sobre las tierras de la zona Media, ahora acompañada de numerosos parques eólicos que la rodean en todas las direcciones geográficas.
Quizas el aspecto vertical que presentan las rocas cimeras amedrente a más de un principiante. Pero no es tan fiero el león como lo pintan. Todo se reduce a una corta y cómoda trepada por un pasillo entre piedras por las que los niños disfrutan de su pequeño momento emocionante. Incluso hay una senda alternativa que rodeando por el norte evita las rocas hasta presentarse en la misma cima.
Por todo ello la excursión se convierte en una actividad mañanera al alcance de cualquiera.
Inicialmente hay un ascenso fuerte por camino en zona abierta que al cabo de unos minutos nos sumerge en el bosque de carrascas. La pendiente se hace más suave y vamos tomando la cara este de la peña para salir a zona algo menos cerrada. Al final, desde la parte nordeste, subimos entre rocas o bien tomamos una senda que rodeando hacia el oeste, llega hasta la cima.
Ruta paso a paso
Localidad de Unzué.
Situada al este de la salida del barranco de Artusia que desagua hacia el sur desde las crestas de Alaiz, está rodeada por importantes extensiones de carrascas que dan nombre al puerto por el que pasa la N-121 («El Carrascal»). Al otro lado del barranco se levanta, en lo alto de un risco, la ermita de San Bartolomé. La iglesia de Unzué, a caballo entre el románico y el gótico, está dedicada a San Millán.
Hoy en día el nº de habitantes no supera los 130.
En el momento en que hemos realizado la ruta están todas las calles levantadas y en obras.
Aparcamos donde nos indican los vecinos, para molestar lo menos posible.
Por la calle central subimos casi hasta arriba y nos desviamos por la calle «De la Peña», a la derecha.
Por delante de un chalet, dejándolo a nuestra derecha, asciende un camino-senda herboso en dirección nordeste. Tenemos a la vista, a nuestra izquierda, el cementerio y, algo más abajo, el depósito de aguas.
La senda sube por zona donde florecen con profusión el tomillo, las ollagas, y crecen los bojes en abundancia. La pendiente se endurece enseguida.
El suelo del camino, en contraste con lo herboso del terreno circundante, es de cascajo o piedra suelta. En el descenso hay que tener algo de precaución con los resbalones.
Cruce con camino herboso que asciende desde la izquierda y se cruza en perpendicular.
Nuestro camino sigue en la dirección que traía, aunque ahora se adelgaza hasta hacerse una senda.
La pendiente aumenta. Aparecen ya matorrales de carrascas y enebros.
Entramos en el bosque de carrascas.
Al mismo tiempo la senda gira a la derecha y la pendiente disminuye ostensiblemente.
Vamos, por el interior del bosque, cruzando por delante de la peña de izquierda a derecha. No obstante, el matorral está bastante cerrado a ambos lados. En ocasiones da la impresión de que avanzamos junto a auténticas paredes de boj.
Cuando tenemos ocasión de ver algo hacia la derecha podemos apreciar el hermoso paisaje de la Valdorba bajo nosotros.
Tras un largo trecho de oeste a este, la senda realiza algunos cambios de dirección para remontar la pendiente, aunque sigue con la misma orientación predominante.
Salimos a zona algo aclarada.
Las carrascas son de escasa altura y nos dejan ver los alrededores. Avanzamos en llano. Dos minutos después llegamos a un punto donde se nos une una senda que viene en ascenso desde la derecha. (Los datos de posición corresponden a este punto). Un cairn señala la encrucijada.
Tomamos a la izquierda y comenzamos de nuevo a remontar. La Peña va quedando ahora a nuestra izquierda.
La senda va ascendiendo por la cara este de la Peña. Bajo nosotros queda Echagüe (imagen).
Otra senda llega de esta dirección. Es probable que provenga de este pueblo. Otro cairn señala el punto de unión. Seguimos en ascenso y volvemos a integrarnos en un bosque cerrado.
Ahora van apareciendo entre los árboles grandes bloques de roca, anuncio de lo que queda más arriba.
Tras un ligero ziz-zagueo entre los árboles salimos sin previo aviso bajo la Peña, a zona abierta, dominada por la roca.
Aunque la ascensión que queda es muy sencilla, si no queremos trepar es cuestión de torcer aquí hacia la derecha, sobre el cascajo, para rodear por senda entre la Peña y el bosque y subir por la parte norte. De lo contrario ascendemos por la senda directamente hacia el pasillo que nos van dejando las rocas.
Los agarres son fáciles y abundantes y la pendiente es fácil de superar. En cinco minutos salimos a la parte superior.
Esbelta, rocosa y aislada.
Extraordinaria panorámica hacia el sur. Hacia el norte nos tapan la vista las alturas superiores de Orronz, Carrascal, Txanburu y la Higa (que asoma por encima de Txanburu). Nos separa de ellos el barranco de Artusia que se adentra desde Unzué.
Hacia el Oeste la vista es más amplia. Podemos divisar Valdizarbe y la sierra de El Perdón, tras el puerto de El Carrascal. Más allá se levantan Montejurra, Monjardín y al fondo Ioar. A su derecha vemos las paredes de Lokiz y la Peña de Azanza.
Por el sur vemos las localidades cercanas: Unzué, Solchaga, Oloriz, pero también se divisan con claridad Pueyo y Tafalla. Entre ellas serpentean la autopista A-68 y la carretera N-121.
Hacia el oeste, cinco metros más baja, hay otra pequeña meseta donde se alzan los restos de un antiguo buzón sin tapa y oxidado. Algunos metros más allá, en un lugar resguardado, ideal para días de viento, hay un humilde buzón, pequeñito, de acero inoxidable, pegado a una roca, colocado por el club Alaitz de Tafalla, cuyo estado es algo mejor, aunque no mucho.
Entre ambos lugares desciende la senda antes citada, que confluye con el ascenso en la base de las rocas.