El Haya Madre de Espinal
Recorrido: Área recreativa de Espinal - Haya monumental
Autor: Asunción, Julio
29/11/2007
24/12/2007
Método de Información de Excursiones
Mapa de la ruta
Descripción general de la ruta
El haya es la reina de las montañas navarras. Aquí se encuentran los mejores hayedos de la Península Ibérica. Las selvas de Iratí o Urbasa son bosques atlánticos mágicos. La imaginación nos transporta en sus sombrías veredas a aquellos tiempos de druidas y celtas, a fantasear con duendes y gnomos. La magia del bosque. Pero no es en Iratí ni en Urbasa donde encontré la que llamé el Haya Madre. Un ejemplar magnífico que me fascinó especialmente. La descubrí en un paseo atraído por el anaranjado otoñal de un bosque de alerces, en las faldas del Berregu, cerca de Espinal. No está lejos de la civilización. Tan solo a unos cientos de metros del milenario Camino de Santiago. Rodeada de una corte de hayas mas jovenes, levanta sus casi treinta metros de altura en una manifestación de belleza singular para todo aquel que aprecie la naturaleza. En este corto recorrido nos acercamos a este gran árbol.
Ruta paso a paso
En la carretera de Espinal a Roncesvalles, a la altura del Km. 42 de la nacional 135 que comunica Pamplona con Francia, poco antes del llegar al camping, hay un área recreativa a la izquierda. Este será el punto de inicio del paseo.
Desde este área recreativa podemos contemplar una buena panorámica de la llanada de Burguete, cerrada hacia el Norte por la emblemática masa rocosa del Menditxuri y los techos de la zona: el Girizu, el Astobizcar y el Orzantzurieta.
Cruzando la carretera, al lado de la señal del punto kilométrico sale una pista forestal a la derecha que en unos metros se bifurca en otros tres caminos. Uno va hacia el camping, otro es una estrecha vereda a nuestra derecha que se dirige a Espinal y el tercero es una ancha pista forestal que se interna en el bosque en dirección Sur. Esta es la que nos interesa.
A 200 metros, tras dejar a la derecha del camino tres hayas que destacan de los árboles de alrededor por su altura, y un centenar de metros antes de que el camino haga una suave curva a la izquierda hay que dejar la pista por la derecha, internádonos en el bosque de hayas. Ahora andamos campo a través. A sólo unas decenas de metros se encuentra la majestuosa haya. En invierno, tras la caida de las hoyas, se entrevé el gran árbol desde la misma pista forestal.
Con 5,5 metros de circunferencia es un ejemplar digno de contemplarse. Varias enormes ramas a modo de brazos se alzan hasta los más de 25 metros de altura que alcanza. Cientos de años lleva viendo este haya el transcurrir del río Urrobi por el fondo del valle. Rodeada de otras hayas más pequeñas, muchas de ellas hijas suyas, no faltan en la cercanía otras de singular porte. También próximo, un poco más arriba hay un interesante bosque de alerces, especie de conífera singular pues pierde las acículas en invierno. Si pasamos por aquí a mediados de noviembre podremos apreciar el singular tono anaranjado que adquieren estos árboles.
Merece la pena perderse un poco por este bosque “encantado”.
Volvemos sobre nuestros pasos, alcanzando la pista y desandándola hasta su inicio en la carretera.