Ezkabatxiki y los últimos bosques de Pamplona
Recorrido: Pasarela Ochoa de Olza - Portillo de Azoz - Cima Ezkabatxiki - Viña Ezkaba - Pasarela Ochoa de Olza
Autor: Belasko M. y Rey J.
05/06/2013
16/06/2013
Método de Información de Excursiones
Mapa de la ruta
Descripción general de la ruta
Sin excusas. Para el ciudadano, para el urbanícola habitante de la ciudad, este itinerario no supone un esfuerzo especial.
Conocerá los vestigios de una Pamplona a caballo entre el agro y el mundo industrial, esas raíces que nos unen al pasado, que nos trasladan al mundo de hace unos pocos años, ante las costumbres de unos ciudadanos que no olvidaban del todo su procedencia.
En esta modesta excursión recorremos la ladera meridional de Ezkabatxiki, un territorio donde el municipio pamplonés todavía mantenía, hace unas décadas, sus pequeñas parcelas de cultivo, de aprovechamientos forestales, de viñedos…
De hecho, atravesaremos los restos del último bosque de la capital: el robledal de Ezkabatxiki, y bosques de nueva plantación como el «Bosque Polo» o los pinares.
En el paseo, accesible a cualquiera, sin grandes desniveles, nos detenemos cada pocos metros para fijarnos en el paisaje, en los árboles, en los matorrales que crecen a su sombra y que hablan por sí solos de un equilibrio muy precario entre lo urbano (el afán desarrollista), y el mundo más equilibrado del campo de antaño.
Ruta paso a paso
Empezamos el recorrido en la pasarela Ochoa de Olza. Es una de las que cruzan por encima de la Ronda Norte; está ubicada entre Pamplona y Ansoáin, en el parque Iñaki Ochoa de Olza, junto al extremo occidental de la calle Paseo Donantes de Sangre. Se caracteriza por la rampa helicoidal que comunica, mediante tres vueltas del plano inclinado, el pasillo en altura con el suelo del parque.
Subimos y cruzamos la pasarela.
Al otro lado arranca un camino de gravilla y se desvía una senda.
Seguiremos inicialmente el camino, girando a la izquierda.
Pocos metros después encontramos la confluencia con otro camino. Una baliza pintarrajeada señala dos direcciones. Giramos a la derecha, de acuerdo con la indicación «Camino de las canteras».
Ganamos altura.
En la primera curva cerrada (encontraremos unas cuantas), olvidamos la senda que arranca a la derecha. Mantenemos el camino.
En un cambio de sentido con curva a la izquierda (ya a cierta altura, es la tercera en este sentido si contamos desde la pasarela), situados bajo un tendido de alta tensión, abandonamos el camino principal por senda a la derecha que se dirige hacia el Polvorín.
Unos metros más arriba del desvío se ve otra baliza, todavía más pintarrajeada que la anteriormente citada.
Unos ochenta metros después de tomar la senda encontramos otra bifurcación.
En lugar de seguir de frente, hacia el cercano edificio del Polvorín, optaremos por el ramal izquierdo, que sube a un paso sobre la cresta.
Paso sobre la cresta de Ezkaba.
Escasos metros a la izquierda la muga entre Pamplona y Ansoáin gira 90º y sube al oeste, marcada por la línea de la loma. Al norte es Pamplona y al sur Ansoáin.
De la derecha llega un sendero procedente del cercano Polvorín. A la izquierda encontramos tres ramales.
Continuamos por el que, en lugar de ascender, se mete en el pinar del otro lado de la loma. Pronto dejaremos la sombra del bosque y saldremos a una zona abierta. Aquí, hace unos años, se rellenó el barranco (Canal de Ezkaba, que da nombre a una calle de la Txantrea) con escombros y se recuperó el paisaje con capas de tierra y nuevas plantaciones.
Arces, nogales, fresnos, carrascas, robles del país…
Numerosas especies arbóreas ocupan un espacio que hasta hace unos años no era más que un extenso y descontrolado basurero.
El lugar fue recuperado con buenas ideas y mucho esmero. Inicialmente se rellenó con abundante escombrera, procedente de obras de la ciudad. Así se igualaron las condiciones de toda la superficie. Después se cubrió y allanó la zona con una generosa capa de tierra y humus. Finalmente se procedió a la plantación de diversas especies arbóreas, representativas de la vegetación natural de lugares como este.
Cruzamos perpendicularmente un caminillo central y nos dirigimos hacia el portillo de Azoz.
En la imagen vemos una placa en recuerdo de la colaboración de asociaciones como Anapar (enfermos de Párkinson), que pusieron también su esfuerzo y buena voluntad para impulsar la recuperación.
En la misma superficie está delimitado el «Bosque Polo», plantado por VW-Navarra, calculado para absorber 3150 kg de CO², equivalente a lo emitido por los coches fabricados en Pamplona por Volkswagen. Originalmente fueron 336 árboles plantados en 2009 (encinas, quejigos, arces, serbales y olmos).
Portillo de Azoz.
Llegamos al mismo saliendo a la pista (amplia) que, por la derecha, sube hasta aquí desde las cercanías de las cocheras del transporte urbano.
Encontramos la baliza de la GR 220 (Vuelta a la Cuenca de Pamplona). Ahora nos incorporamos a esta ruta para seguirla en sentido este. Veremos las marcas durante buena parte del recorrido (por la cresta de Ezkabatxiki), hasta que volvamos a cambiar de dirección.
Sin cambiar de vertiente, ascendemos por un sendero que, poco antes del collado, gana a la derecha la cresta, en dirección este.
Al poco de alcanzar el lomo circulamos entre una agrupación de robledal y cedros (en la cara norte, Ezcabarte) y pino laricio (en la sur, Pamplona).
Estos cedros son de hoja muy corta.
La senda continuará durante largo rato sobre el eje del lomo del monte. Las especies arbóreas se van alternando con frecuencia.
La sucesión boscosa presenta abundantes cambios. La vegetación autóctona (roble peludo o pubescente) intenta recuperar su territorio a pesar de todo tipo de ocupaciones históricas (repoblaciones de coníferas, cultivos en las laderas…). Encontramos robles mezclados con pinos, espino blanco, arces... En el sotobosque bojes, ollagas, otaberas (Genista hispanica subsp. occidentalis), que se distinguen de las ollagas en que no pinchan tanto.
En el punto de la imagen, la GR 220 marca un descenso, torciendo a la derecha, para rodear un saliente rocoso. Sin embargo la senda que sigue de frente permite sortear el saliente sin necesidad de descender. Solo es necesario superar un metro de roca en el que unos huecos hacen a modo de pequeños escalones.
El camino continúa por lo más alto. Poco después pasamos al lado de una palomera.
Delante de otra roca saliente tenemos una aparente bifurcación.
No es tal. Simplemente, el ramal izquierdo se asoma a un mirador sobre la zona de Ezcabarte (véase la imagen siguiente).
Se impone, en primer plano, el polígono industrial de Arre, pero más allá alcanza la vista a divisar localidades como Oricáin, Sorauren y las laderas de Txumendi (a la derecha), quemadas por varios incendios consecutivos en 2012, y Ortxikasko (a la izquierda) con Eusa, Adériz y Maquiirriain en sus faldas. El río Ultzama serpentea en el fondo del valle.
Dándonos la vuelta, en esta confluencia de caminos bajo el saliente rocoso, podemos desviarnos, cambiando el sentido de la marcha 180º.
Volveremos aquí, pero ahora tomaremos un camino de cierta anchura, con marcas de rodadura, que desciende casi de forma imperceptible, por la vertiente sur, tomando dirección oeste.
Así, a unos 200 metros, encontramos algunos robles como el de la imagen. Sin llegar a ser espectaculares (no es este uno de los robledales ilustres de Navarra) son ejemplares que mantienen un hermoso porte y representan al bosque autóctono de Pamplona. Tenemos tres o cuatro árboles que ya han alcanzado una espléndida madurez en medio de tantas vicisitudes «urbanas». Son ejemplares de roble pubescente, de unos 11 metros de altura y 1,5 m de diámetro de tronco.
Volvemos otra vez sobre nuestros pasos, hacia el saliente rocoso, para reanudar el paseo hacia el este, sobre el lomo.
Podemos observar que el pino va dejando espacio al roble.
Al llegar otra vez al punto antes descrito (2,36 km) también podemos ver, si nos desviamos unos pocos metros a la derecha, un rincón donde quedan restos de una construcción humana. El muro muestra los curiosos huecos que apreciamos en la imagen. ¿Cuál sería su función?
Regresamos al camino principal, en la cresta, para seguir hacia el este las marcas de la GR.
Un mojón señala la muga entre Ezcabarte y Pamplona/Iruña.
A partir de aquí encontraremos unos cuantos mojones más.
El robledal (quejigos y roble pubescente) ya ocupa casi todo el bosque. Aquí empieza el auténtico robledal pamplonés (ladera sur) que continúa por la norte, en término de Ezcabarte.
Cima de Ezkabatxiki.
Restos del buzón que pertenece a la serie colocada por la Federación de Montaña en su 75 aniversario sobre las cimas que rodean la Cuenca. Tiene, como los demás, forma de farol pintado en negro, aunque falta la tapa.
Las aberturas entre las ramas nos dejan a la vista la cercana localidad de Atarrabia/Villava.
Sin cambiar de dirección, ahora el terreno desciende con suavidad. El sendero sigue sobre lo más elevado del lomo.
Aparecen carrascas entre el arbolado. Casi ausentes en la parte de Ezcabarte, las encinas se hacen algo más presentes en la ladera meridional. De la derecha llega un sendero que se une al nuestro.
Los viejos mojones siguen en pie. Seguimos descendiendo con suavidad, junto a algunos restos de viejas alambradas.
De inmediato, en cuanto superamos la muga de Atarrabia/Villava (a la derecha), encontramos otra repoblación de pinar (pino laricio).
Tres minutos después (3,84 km) pasamos por otra zona de cipreses, que forman un pequeño bosque.
En algunos cruces de sendas seguiremos las marcas rojiblancas de la GR.
Girando 90º a la izquierda, señalizado por una marca en un arbolillo, se desvía el GR 220 hacia el paso del gasoducto sobre la cresta rocosa.
Aquí la abandonamos, descendiendo al frente y encontrando, en pocos metros, un camino más ancho, transversal, procedente del paso citado, y que nos hará cambiar de dirección.
Bajo el terreno marchan las tuberías de un gaseoducto. Nos acompañan las señales en forma de postes amarillos.
Ahora iniciamos el regreso, en dirección este, por terrenos de la ladera meridional.
Debajo vemos las instalaciones de la gasolinera de Atarrabia.
En una curva (con cambio de dirección a la izquierda) del camino, salen de frente dos sendas.
Nos vamos por la que queda más a la derecha, sin cambiar la dirección que traemos. Es la única que, en sus primeros metros, no desciende.
Debajo, unos metros por encima del polígono industrial, tenemos las hileras de cepas emparradas de la viña de Atarrabia, protegidas por setos de cipreses.
Se trata de la viña de la familia Uriz-Induráin, que comercializa su vino tinto bajo la denominación de «Laderas de Villava» desde finales del siglo XX. Es el último vestigio de las que cubrían esta ladera no hace más de 50 años. Eso sí, en vez del tradicional txakolí, la viña cultiva la variedad Cabernet Sauvignon. En concreto esta viña puede llegar a producir entre 10000 y 12000 kg de uva en sus dos hectáreas, que se traducirían en 8000-10000 botellas.
Más adelante, en la parte de atrás de las cocheras, veremos también una parcela con unas pocas cepas cultivadas al viejo estilo.
Del linde de la viña antes citada sube un sendero que casi se une con el nuestro y que, a escasos metros, se vuelve a separar, circulando más abajo.
Entre ambos hacen un dibujo que recuerda a una equis.
Si el paseante lo desea, puede descender por el otro, y desembocará, bordeando las cocheras por detrás, en la pasarela situada junto a la rotonda del Parque del Mundo.
La nuestra sube un poco y sigue faldeando en altura.
Debajo quedan las bocas de los túneles de Ezkaba.
Hay alambrada a la izquierda.
Justo encima de este punto se encuentra lo mejor conservado del robledal de Pamplona. He aquí los puntos exactos de algunos de sus mejores representantes (No hay camino hasta ellos y hay llegar a ellos subiendo la ladera):
UTM 612982, 4744093: encina
UTM 612887, 4744091: robles peludos
Pasamos bajo algunos restos de muros que sujetan la ladera como si, hasta hace unos años, se hubieran intentado «aterrazar» las parcelas para mantener pequeños cultivos.
A la izquierda el olmo.
A la derecha madreselva (Género Lonicera).
Pasamos junto a las ruinas de una Kapana. Eran cabañas de piedra donde se refugiaban antaño los guardas de las viñas para protegerse en días de mal tiempo.
Entramos bruscamente en el pinar (sotobosque cerrado por el bojeral).
Estamos a la altura del Polvorín, del que nos separa el "Canal de Ezkaba", barranco entre ambas crestas, hacia el que vamos descendiendo.
Salimos a un camino ancho en plena curva de cambio de sentido.
Por la izquierda, en descenso. El pinar está, aquí, bastante desarrollado.
Salimos bruscamente a la pista del canal (la que sube al portillo de Azoz).
Cruzamos y seguimos la senda que atraviesa la zona recuperada de la antigua escombrera. Pronto enlazamos con el camino de ida y, girando a la izquierda, desandamos el tramo hacia la cresta de Ezkaba, junto al Polvorín.
Así vamos descendiendo después hacia la pasarela.
He aquí una curiosa (y positiva) iniciativa particular. Alguien ha plantado un pequeño tallo de encina y lo ha protegido con un cuadro de piedras para darle una oportunidad. Veremos si consigue prosperar sobre el terreno.
Cruzamos otra vez la pasarela Ochoa de Olza y finalizamos el recorrido.