Erice de Atez - Beorburu - Muskitz
Recorrido: Erice de Atez - Beorburu - Muskitz - Iriberri - Erice de Atez
Autor: Rey Bacaicoa, Javier
12/10/2004
04/11/2004
Mapa de la ruta
Descripción general de la ruta
Los valles de Atez, Juslapeña, Imotz, Odieta... son un bello muestrario de terrenos ondulados donde la transición entre la zona húmeda de Basaburua-Ultzama y los territorios más secos de la Cuenca de Pamplona origina un mosaico íntimamente entrelazado de retazos de hayedos, robledales, algún que otro pinar y numerosos prados, protegidos en su mayor parte por alambradas y setos (a veces difíciles de atravesar).
El paseo que aquí proponemos exprime la belleza de este paisaje. Visitamos tres localidades de tres valles (municipios) diferentes, además de un caserío y una hermosa ermita. También recorremos un tramo de la Cañada Real de «Las Provincias». Tan pronto buscamos la salida entre los prados como subimos o bajamos por regatas en las que el hayedo imprime su señorío.
El paisaje se disfruta siempre en toda su amplitud. En un momento, incluso, damos vista a Pamplona entre las lomas.
Ruta paso a paso
Erice de Atez Capital del municipio del mismo nombre. Situada a 19 km de Pamplona.
Para llegar a esta localidad desde la capital saldremos por la carretera de Guipuzcoa y nos desviaremos, después de Berriozar, por la carretera de Aizoain.
Después de superar el puerto de Marcalain y el pueblo de Eguaras, tomaremos el desvío que indica, a la izquierda, hacia Gulina y Latasa. Llegaremos a Erice a unos dos kms del cruce, después de superar el caserío de Labaso.
En el centro del pueblo, por detrás de la caseta a la que está adosada la fuente y el aska, baja hacia el río y el cementerio un ancho camino que abandona el pueblo.
Después de cruzar el puente, con barandilla de hierro, junto al que crecen los fresnos, se encamina hacia el cercano cementerio.
Por la derecha llega un ancho camino (por el cual volveremos). De frente, antes de pasar junto al cementerio (que dejamos a nuestra derecha), cruzamos puerta de hierro y comenzamos a ascender con suavidad al tiempo que nos metemos en un robledal.
A doscientos metros de cruzar la puerta tomamos senda que arranca por la derecha de la pista sobre un tubo de desagüe colocado en la acequia.
Estrecha y semiabandonada, al principio resulta la cuesta un poco dificultosa y resbaladiza. Pero enseguida se asienta el camino y muestra su recorrido ascendente con claridad. La pendiente es sostenida. Pasamos entre robles y pinos, acompañados de algunos avellanos y arces. Algunas delgadas ramas de espinos cuelgan sobre el camino.
A los seis minutos el bosque cambia bruscamente y entramos en hayedo de suelo limpio. El camino se encaja y se vuelve menos pendiente, más ancho y más limpio. Se tuerce un poco hacia la izquierda.
El camino asciende hasta salir bruscamente del bosque a una cresta despejada y se encuentra con la pista que hemos abandonado abajo, y que tras llegar a la loma ha subido por lo más alto.
Al otro lado, en el mismo punto donde salimos, hay una alambrada con una puerta de travesaños de madera bajo la que tenemos cercano un cobertizo-pesebre de la borda Perutxena (situada más arriba).
Cruzamos la alambrada saltando esta puerta y por la esquina derecha del cobertizo bajamos senda herbosa que cruza el prado en diagonal.
Pronto vemos una langa en el linde derecho de este prado con el bosque y nos dirigimos hacia ella.
Al llegar a la parte más baja encontramos una zona un tanto húmeda, con juncales. Poco después pasamos otro escorte al lado de una puerta metálica en una alambrada. Es la muga entre Atez y Juslapeña. De la derecha llega el camino de Berasáin a Beorburu (reducido ahora a una senda semiabandonada). Hay un cartel de coto de caza público.
Seguimos nuestro camino ancho y ahora en ligero ascenso.
Vamos remontando el barranco y el camino de Zubindo. Llevamos a la izquierda el arroyo en medio de un espeso hayedo con árboles relativamente jóvenes. La ascensión es cómoda y placentera.
A medida que llegamos a la parte superior el arbolado se aclara.
Acabamos saliendo a terreno despejado después de cruzar otra puerta metálica en otra alambrada. A la izquierda quedan dos askas junto al alambre.
A partir de aquí el suelo es de grava y bien apisonado. Seguimos subiendo
Pronto damos vista al caserío Agarrea, en la parte más alta, muy cerca ya de Beorburu. Al mismo tiempo vemos cerrando el horizonte la cima de Artzeleta cuya ladera está cubierta de pinares, y más a la derecha el monte de San Bartolomé.
Caserío Agarrea.
Cinco caminos diferentes confluyen en el lugar. Seguimos por el de enfrente, que baja hacia el pueblo de Beorburu (muy cercano). Nos asomamos a la vertiente del otro lado y divisamos el monte San Cristóbal, Pamplona y su cuenca y, lejana hacia el sur, la Higa de Monreal.
La carretera asfaltada, procedente de Ollacarizqueta, sube por la izquierda.
Atravesamos de este a oeste la dinámica localidad de muy pocos (pero muy activos) vecinos, que entre otras cosas recuperaron en «auzolan» la iglesia de sus ruinas no hace muchos años.
Manteniendo siempre la calle principal como guía, salimos por la derecha de la torre a la pista que sube hacia la ermita de San Bartolomé de Gorostieta.
Bifurcación.
Por la izquierda desciende la pista hacia una instalación ganadera en el camino que enlaza el pueblo con Osácar.
Nos vamos por la derecha y nos acercamos a una puerta de hierro que cierra una alambrada.
La sobrepasamos (es posible hacerlo sin abrirla, por la derecha), y seguimos subiendo hacia el collado de Masko, entre Artzeleta y San Bartolomé.
A veces el camino se empina un poco y el suelo es pedregoso e irregular, pero sin dificultad alguna.
Después de pasar otro escorte en alambrada, con banqueta a la izquierda, alcanzamos la ermita de San Bartolomé de Gorostieta.
Recién rehabilitada, también en auzolan, por los vecinos de Beorburu, se muestra muy presumida y hermosa, con la piedra limpia a la vista. Tiene adosado un refugio alargado, en parte abierto, con banco corrido, y en parte cerrado y con su hogar y elementos para guarecerse, muy bien acondicionado.
Por aquí llega, de la izquierda, el recorrido de la cañada de «Las Provincias», procedente de Osinaga y Osácar, que vamos a seguir ahora hasta Muskitz.
Alrededor de la ermita tenemos también, entre los pinos, varias mesas con bancos para disfrute en los días de buen tiempo.
Descendemos por el camino que toma el barranco de la vertiente opuesta a la que hemos recorrido.
Pronto desechamos una desviación que se va a la izquierda a superar un escorte en alambrada. Seguimos descendiendo, guiados hacia Muskitz por las marcas blancas y rojas de la GR-9.
El suelo en algunos tramos está protegido del barro por un recubrimiento de trozos de tejas rotas. Enseguida nos metemos bajo el hayedo.
A los cinco minutos el camino se va un poco más a la izquierda, entre arbolado más denso, y sigue bajando en la misma dirección.
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Un corrimiento de tierras producido hace más de un año dificulta un poco el paso. La Administración no ha hecho nada por arreglar este desperfecto de la Cañada.
Seguimos adelante, descendiendo junto al barranco que baja a nuestra izquierda.
Tres minutos después pasamos una alambrada con escorte y escalera. Una placa de la GR-9 está situada sobre las estacas.
A la vez que salimos a zona despejada topamos con una pista de grava que pierde altura desde la derecha y que nos hace girar a la izquierda.
Escasos metros después recibimos otro camino que baja de la derecha y cruzamos el arroyo por un puente para encontrarnos en una zona a la que llegan más caminos.
Girando a la derecha, en llano, continuamos por la pista que enfila el noroeste, dejando en alto Asiñeneko Borda con su instalación de energía solar sobre el tejado. El terreno se va abriendo.
Pronto el paisaje cambia radicalmente y caminamos entre prados ondulados, con fresnos a la izquierda y arces en la alambrada de la derecha.
Enseguida divisamos la localidad de Muskitz. A lo lejos tenemos una insólita vista de la ermita de la Trinidad de Irurtzun sobre las crestas del monte Erga cubiertas de arbolado por su cara norte.
Muskitz (valle de Imotz).
El camino alcanza la carretera que sale hacie el este del pueblo. Todo el caserío queda a nuestra izquierda. La localidad es pequeña (no alcanza los 30 habitantes), pero muestra señas de revitalización, con varias viviendas que se están reconstruyendo. Sobre un prado con muro en su parte baja se levanta la iglesia dedicada a San Martín de Tours.
Marchamos por el asfalto hacia la derecha, dando la espalda al pueblo.
A escasos metros pasamos un puentecillo, e inmediatamente giramos a la derecha por camino herboso que marcha junto al seto, gira un poco y enseguida asciende (véase en la imagen la escasa distancia recorrida sobre el asfalto, desde la casa del fondo). Olvidemos otros caminos que se ven más al norte y que siguen con la cañada (que abandonamos en este lugar).
El camino sube ahora entre un seto (a la izquierda) y una alambrada (a la derecha), hacia el cercano cementerio, del que un alto y delgado ciprés nos sirve de guía.
Cementerio.
Junto a la puerta la senda, encajada entre dos setos, da casi media vuelta y traza una curva para rodear la tapia por el norte y tomar camino claro que sigue en ascenso. Se nos une un camino por la izquierda al salir de la curva. Ahora subimos recto.
A medida que ascendemos, con terreno abierto a la izquierda, vemos que desde la venta de la carretera asciende una pista que se va a unir con nuestra senda en una zona más alta.
Cruce.
La pista que viene de la carretera por la izquierda gira. La seguimos, casi en llano. Una fila de fresnos acompaña nuestro camino tras una alambrada. Se inicia el mosaico de prados cercados a la izquierda. Vamos ganando altura suavemente al tiempo que trazamos varias curvas.
Cuatro minutos después dejamos un pluviómetro instalado junto a la orilla izquierda del camino. También dejamos algunas entradas a los prados colindantes.
Un minutos más adelante descendemos. El piso se vuelve herboso.
2:02 - Iniciamos suave ascenso al tiempo que nos internamos bajo el arbolado (robles).
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Unos 80 metros después de entrar bajo el arbolado tenemos una bifurcación.
El camino de la izquierda desciende suavemente hacia un prado. Subimos por el de la derecha.
Salimos del bosque ante una alambrada recubierta por seto de espinos, en un pequeño claro, que nos separa de un gran prado.
Por la derecha, junto a la misma, sigue una senda estrecha que bordea el robledal.
La senda se aparta de la alambrada y comienza a derivar hacia el oeste y se va hacia el bosque de la ladera.
En este momento conviene buscar entre los helechos el paso. Hay un punto en el que la alambrada está hundida y se puede así llegar sin problemas al prado.
Al otro lado otra fuerte alambrada, muga de los municipios de Imotz y Atez, con árboles junto a la misma, recorre la loma. Hemos de pasarla por encima, por donde la estructura de estacas nos lo haga más sencillo.
Nota: Si no encontráramos paso claro se puede hacer lo siguiente. Volvemos hasta la bifurcación indicada en 2:04 y seguimos la opción izquierda, que nos hace salir a un prado en pendiente. Ascendemos a la derecha hasta la alambrada y la superamos por donde nos resulte más fácil. Así nos encontramos en el mismo prado cuyo paso buscamos en este punto.
Este tramo es el punto conflictivo del recorrido, pues al parecer un mal entendimiento de la «propiedad particular» hizo que el propietario cerrara incluso el paso de los caminos públicos.
Una vez superada, al otro lado, el terreno desciende bruscamente hacia una depresión cercana al caserío de Iriberri.
El punto elevado donde nos asomamos nos permite ver al fondo la localidad de Berasáin.
Justo delante está el caserío Iriberri, que es nuestro próximo objetivo.
A la derecha una gran instalación ganadera. Hemos de descender por el prado hacia una abertura o escorte en una alambrada que cruza por el centro, para acercarnos después hacia el ángulo donde el prado comunica con la pista que marcha hacia el caserío (véase la línea pintada en la imagen).
Puerta de hierro junto a la pista que pasa hacia el caserío Iriberri. Junto a ella, en un árbol, está clavado un pequeño abrevadero elevado.
Cruzamos la puerta y salimos a la pista. Por la derecha ascendemos hacia el caserío, relativamente cercano.
Caserío Iriberri. Agrupación de varias casas rodeadas de prados. Están en un altozano, con huertas adosadas a las mismas.
Avanzamos hasta la última de estas casas y cruzamos alambrada por escorte frente a su fachada, torciendo 90º a la derecha para seguir un camino que marcha recto hacia el bosque.
En el límite del bosque pasamos otro escorte y tomamos camino que deriva hacia la izquierda.
Pronto, en una curva, tomamos senda a la izquierda herbosa, medio borrada. La senda se hace más amplia mientras desciende en un bosque mixto de hayas y robles.
Salimos unos minutos después a un claro que en pocos metros alcanza un gran prado.
Éste tiene un relieve un tanto especial. Primero desciende y luego vuelve ascender, pero también cae hacia ambos lados. Sin embargo, visto desde arriba, veríamos un rectángulo de lados muy rectos en medio de arbolado. Está rodeado de bosque por los cuatro lados.
Al otro lado, en su límite norte, hay dos rincones (en los vértices del rectángulo).
Hemos de cruzar todo el lugar y subir suavemente justo al vértice o rincón de la derecha.
En esta esquina del prado nos encontramos en la alambrada que cierra la parte derecha una escalerilla, prácticamente en el rincón de dicho prado.
Pasamos al otro lado y seguimos senda que se aleja bajo el arbolado unos metros perpendicular a la alambrada y después gira a la izquierda para seguir paralela a la misma.
Salvo algún punto donde los espinos se meten en el camino, la senda es muy clara y se amplía conforme avanzamos.
Robles y majuelos cubren nuestras cabezas. Pronto dejamos a la izquierda restos de una cabaña de maderas medio en ruinas.
Empezamos a descender, al principio de forma imperceptible, después más claramente.
Salimos frente a una borda a un camino que cruza de izquierda a derecha. Por encima de su tejado podemos ver a lo lejos la localidad de Erice, a lo lejos en el valle. Justo en este punto entra una desviación al prado de la borda. Hemos de seguir a la derecha, pero no entrando a la borda, sino siguiendo el camino.
Volvemos a meternos en el bosque. Estamos en el viejo camino de Berasáin a Beorburu (con el que antes hemos confluído entre Erice y Beorburu).
Si no queremos irnos hacia allí de nuevo, hemos de prestar atención al siguiente punto (unos 300 metros más allá de la borda).
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Un camino algo embarrado llega por la izquierda casi en la misma dirección que el nuestro. Hemos de girar sobre nuestros pasos y tomarlo, cambiando de dirección.
Sigue descendiendo unos metros hasta alcanzar el cauce estrecho de un arroyo casi seco. Cruzamos al otro lado y seguimos hacia la izquierda, junto a una alambrada, una estrecha senda.
Tres minutos después la senda se desvía más a la izquierda, por galería arbolada, pasa bajo un árbol cruzado sobre ella y alcanza el linde de un prado para seguir junto a otra alambrada. Tuerce a la derecha hasta que ambas alambradas confluyen en una.
Escorte en la confluencia de las dos líneas.
Lo pasamos y seguimos la misma dirección por senda.
Poco después (en sesenta metros) nos incorporamos a otro camino más claro y seguimos a la izquierda, descendiendo.
Cruzamos puerta de hierro.
A la derecha, nos acercamos en llano, por camino ancho y cómodo hasta desembocar en el cementerio, donde encontramos el camino de ida.
Torcemos a la izquierda para pasar el río y ascender hacia Erice.
Cruce cercano al cementerio de Erice, del que nos separa la puerta de hierro del principio de la ruta.
Aquí entroncamos con el camino de ida.
Torcemos a la izquierda para pasar el río y ascender hacia Erice.
Erice de Atez. Subimos la cuesta para alcanzar el centro de la pequeña localidad.
Fin de etapa.