Falces, hasta la Cabaña de Arriazu
Recorrido: Falces - Orilla del Arga - Barranco Sierras - Cabaña Arriazu - cementerio - Villa Romana - Falces
Autor: Aquerreta Reta, Javier
22/01/2026
01/04/2026
Método de Información de Excursiones
Mapa de la ruta
Descripción general de la ruta
CABAÑAS DE FALCES: ENTRE EL ARGA Y LA HISTORIA
En el año 2012, el Ayuntamiento de Falces, en colaboración con el Consorcio Eder, terminó la rehabilitación de cuatro cabañas ganaderas y agrícolas situadas en diferentes puntos de esta localidad ribera. Esta iniciativa no solo permitió rescatar del olvido estas antiguas edificaciones, que se encontraban en un avanzado estado de deterioro, sino que también transformó el entorno en un espacio de recreo más acogedor mediante la instalación de bancos y mesas para el descanso de los caminantes.
Las cuatro construcciones recuperadas son: la cabaña de Romualdo, la cabaña de los Gemelos, la cabaña de Mari Ochoa y la cabaña de Arriazu, siendo esta última la más antigua de todas.
En este recorrido nos dirigiremos precisamente hacia la cabaña de Arriazu. Saliendo de la localidad por la orilla del río Arga, iniciaremos un ascenso que nos llevará hasta los extensos cultivos de secano. Tras dejar atrás el barranco de Sierras, alcanzaremos la histórica edificación. Como colofón, durante el camino de regreso, visitaremos los vestigios de la villa romana de San Esteban, un testimonio excepcional del pasado clásico de estas tierras.
Ruta paso a paso
Podemos iniciar nuestra ruta desde cualquier punto de la villa, encaminando nuestros pasos hacia la ribera del río Arga, justo en las inmediaciones del complejo deportivo municipal.
Junto a las instalaciones deportivas, encontraremos un panel informativo de la "Ruta del Visón". Este itinerario conecta las localidades de Falces, Peralta, Funes y Marcilla a través del corredor fluvial denominado "Territorio Visón". Es en este tramo donde se concentra una de las mayores poblaciones de visón europeo, una especie actualmente en peligro crítico de extinción. A lo largo del recorrido, es posible descubrir los diversos sotos de los ríos Arga y Aragón, así como los rincones más emblemáticos de cada municipio, conformando una ruta segura, didáctica y sostenible.
Ya en la orilla del Arga, nos encontramos con la mota, una infraestructura fundamental contra las avenidas o crecidas del río. Situada en la margen derecha, esta barrera ha sido consolidada y reforzada para proteger la zona residencial de posibles inundaciones. Subiremos a ella y continuaremos hacia la izquierda, caminando por su parte superior y remontando el curso del río.
A nuestra izquierda, alzándose sobre la población, podemos observar los impresionantes cortados, formados por una alternancia de estratos yesíferos y arcillosos. La erosión de estos materiales da origen a oquedades y plataformas en las que anidan cigüeñas, buitres y otras especies. Desde este punto privilegiado, podremos deleitarnos con el vuelo de estas aves mientras entran y salen de sus nidos.
En este tramo del recorrido, continuamos remontando el curso del río Arga, avanzando en paralelo a sus aguas y disfrutando de la vegetación de ribera.
Al igual que ocurre en los cortados, el cauce del río nos ofrece su propio espectáculo de vida. En estas aguas y sus orillas podremos avistar diversas aves acuáticas, como ánades reales, garzas y fochas comunes, además de especies típicas de ribera entre las que destacan el colorido martín pescador o las inquietas lavanderas. Avistar un visón europeo, sin embargo, es un reto mucho más complejo debido a su carácter esquivo.
A la izquierda de la mota, nos encontramos con un extenso campo de olivos, cuyo cultivo ha sido diseñado en hileras para permitir su mecanización y facilitar el trabajo de la maquinaria agrícola. Nosotros continuamos nuestra ruta sin abandonar la orilla del río, siguiendo el trazado que marca el cauce.
Llegamos al final del camino que bordea la orilla del Arga, encontrando a nuestra derecha la finca El Abuelo.
Desde este punto, nos separamos definitivamente de las orillas del Arga para comenzar el ascenso por la pista que se abre frente a nosotros. Este camino nos conducirá directamente hacia la zona de cultivos de secano de la localidad.
Al alcanzar la parte alta, nos adentramos en los extensos campos de cultivo. Cabe destacar que Falces es el segundo municipio con mayor superficie de la Comunidad Foral de Navarra, situándose solo por detrás del Valle de Baztán en extensión territorial. Desde aquí, continuamos nuestra marcha hacia la derecha, siguiendo siempre la pista principal.
Llegamos a un cruce de pistas donde deberemos continuar por el camino de la derecha, siguiendo fielmente las indicaciones del cartel que señala la dirección hacia la cabaña de Arriazu.
La pista describe una curva hacia la derecha y, al coronar un pequeño alto donde comienza el descenso, el firme se transforma en un camino embreado. Continuamos por él, perdiendo altura progresivamente mientras seguimos el trazado principal.
Durante el descenso, a nuestra derecha, disfrutamos de una bonita panorámica de la orilla del Arga. Podemos apreciar la erosión natural que esculpe el cauce, el contraste entre los cultivos de cereal y los olivares y, al fondo, la silueta de la Reserva Natural de los sotos del Arquillo y Barbaraces. Para más información sobre este entorno, puede consultar la Ruta del Arquillo publicada en esta web.
A nuestra izquierda, podemos apreciar el Barranco de Sierras. Pronto llegaremos a una de sus entradas, un lugar que destaca por su frondosa vegetación, la cual contrasta fuertemente con el entorno seco, montañoso y profundamente erosionado que lo rodea. En algunos puntos, el barranco alcanza una anchura superior a los 100 metros. Su fisonomía es difícil de describir con palabras, por lo que su visita es del todo imprescindible para captar su magnitud.
En el fondo del barranco, podemos apreciar la intensa erosión que el agua y el viento han esculpido sobre las arcillas y los yesos. Estas formaciones crean un relieve abrupto y fascinante, revelando la fragilidad y, al mismo tiempo, la belleza de los materiales que componen este terreno.
Un viejo puente en desuso nos desvela que, aunque habitualmente el cauce baje seco, en episodios ocasionales de lluvias abundantes el cruce del barranco resultaría complicado. Esta infraestructura es el mudo testigo de la fuerza que puede llegar a alcanzar el agua en este entorno aparentemente árido.
Justo antes de su desembocadura en el Arga, el barranco se estanca, convirtiendo la zona en un pequeño humedal. Este espacio presenta los elementos típicos de los sotos o bosques de ribera, creando un microclima de gran valor ecológico.
Nos encontramos con otro cruce de caminos y, esta vez, continuamos de frente. Iniciamos de nuevo un ascenso constante en busca de nuestro próximo destino: la Cabaña de Arriazu.
La pista principal describe una amplia curva hacia la derecha, mientras, a nuestra izquierda, surge un camino casi invisible que se adentra en el corazón del Barranco de Sierras.
Antes de culminar la subida, a nuestra izquierda, ya podemos divisar la cabaña de Arriazu. Para acceder a ella, debemos bordear el camino pasando entre dos campos de cultivo.
Ya en la Cabaña de Arriazu, nos encontramos ante una antigua construcción de uso pastoril y agrícola. Este tipo de edificaciones, originalmente destinadas al ganado y al refugio de labradores, fue rehabilitada para hacer la zona más atractiva; en 2012, se instalaron bancos y mesas para que el senderista pudiera descansar o comer. Sin embargo, actualmente ya se percibe un notable deterioro tanto en las infraestructuras como en el entorno.
Volvemos sobre nuestros pasos, salimos de nuevo a la pista principal y desandamos el camino recorrido hasta ahora.
Ubicada en el paraje conocido como el Barranco de Sierras, esta edificación es un ejemplo perfecto de la arquitectura rural típica de la Ribera de Navarra. Diseñada históricamente para el refugio de pastores o el almacenamiento agrícola en terrenos de secano, su estructura se adapta con maestría a la orografía del terreno, conectando la vida de la orilla del río con las elevaciones de los campos de cultivo. En su interior, aún se conservan elementos significativos de gran valor tradicional, como una chimenea de cerámica…
…y el espacio que, en su día, sirvió como corral para las ovejas.
Al salir de nuevo a la pista, antes de iniciar definitivamente el regreso, podemos desviarnos unos metros hacia la izquierda. Desde ese punto, nos asomamos a una vista privilegiada donde la geología se hace evidente: en este lugar, los estratos de yesos y areniscas se doblaron por las fuerzas de la tierra hasta formar un gran pliegue anticlinal que, debido a la erosión, presenta una silueta característica en forma de dientes de sierra.
Este fenómeno geológico, así como la flora más relevante y característica de los matorrales esteparios o mediterráneos (especialmente aquellos que crecen sobre yesos), está explicado pormenorizadamente por nuestro compañero L. García Bona en la ruta «Anticlinal de Falces», publicada en esta web.
Volvemos sobre nuestros pasos hasta el punto donde realizamos el ascenso desde el río. Ahora continuamos de frente, dejando a nuestra izquierda tanto la pista por la que subimos inicialmente como un cercado de vacas bravas.
Llegamos al cementerio de la localidad, donde nos encontramos con la carretera NA-6210, que se dirige hacia la derecha en dirección a Lerín. Cruzamos con precaución y continuamos por el sendero que nace justo enfrente.
Al principio, avanzamos por una vieja y estrecha pista que, conforme ganamos distancia, se transforma en apenas un sendero.
Este tramo final coincide con una traviesa de la vía pecuaria, concretamente de la Cañada Real Milagro-Aezkoa. Caminamos sobre una ruta cargada de historia, utilizada durante siglos para el movimiento del ganado a través de Navarra.
Llegamos a la carretera que sube a la Basílica del Salvador, situada sobre la localidad, justo encima de los cortados. La cruzamos para continuar nuestro camino pero, antes, visitaremos uno de los elementos principales de esta ruta: la Villa Romana de San Esteban.
La Villa Romana de San Esteban s uno de los hitos más importantes de nuestro recorrido. Esta explotación agraria, que da fe de la historia de Falces desde el siglo I, estuvo dedicada principalmente a la elaboración y almacenaje de vino. Aunque la villa actual data mayoritariamente del siglo IV, aún se pueden observar cuatro sillares de apoyo de columnas en una cota inferior; estos restos delimitarían un pequeño atrio de la villa original del siglo I, que quedó en ruinas durante el siglo III.
En el yacimiento se conservan elementos clave para entender la producción vinícola antigua: una plataforma para el prensado, un lagar, el fumarium y diversas salas de almacenaje. El nombre de "San Esteban" lo recibe por una antigua ermita, hoy desaparecida, que se construyó siglos después sobre este mismo asentamiento romano.
Una vez visitados los restos de esta villa, continuamos por la pista siguiendo la dirección que traíamos.
Llegamos al depósito de agua de la localidad. Desde este punto, podemos comenzar el descenso directo hacia Falces para dar por terminada la ruta; sin embargo, si queremos alargar el recorrido un poco más, podemos continuar por el camino que bordea los cortados hasta alcanzar el Observatorio de las Cigüeñas. Desde allí, y siempre con mucha precaución, podremos observar los nidos de estas aves, así como el vuelo de algunos buitres que habitan en las paredes rocosas.
Para visitar este mirador, disponemos de dos rutas publicadas en esta web que coinciden en este punto con el itinerario actual «Del Pilón al mirador de las cigüeñas» y «Divisando cigüeñas».
Al otro lado del depósito, justo a su izquierda, comienza un sendero en descenso que nos conducirá directamente hasta la entrada del pueblo.
Entramos en la localidad por la carretera principal que atraviesa el casco urbano y la seguimos hacia el centro. Sin embargo, antes de terminar, es muy recomendable adentrarse a la derecha por la calle de la Peña; esta vía discurre justo al pie de los cortados, permitiéndonos apreciar su magnitud y verticalidad desde una perspectiva sobrecogedora.
Llegamos finalmente al centro de la localidad, donde ponemos punto final a este recorrido.