GR© 9 «Cañada Real de Las Provincias». Etapa 3. Oskotz - Aldatz
Recorrido: Oskotz - Etxaleku - Itsaso (cercanías) - Aldatz
Autor: Rey Bacaicoa, Javier
01/01/2003
01/01/2003
Mapa de la ruta
Descripción general de la ruta
En su tercera etapa, la Cañada Real de «Las Provincias» o de «Los Toros», transita por los valles de Imotz, Basaburua y Larraun. El clima es más húmedo y los bosques y praderíos dominan el paisaje, conformando un itinerario hermoso y plácido.
No hay desniveles apreciables. Los caminos se enlazan unos con otros por los lugares más transitables. En algún punto están algo abandonados y la vegetación amenaza con invadirlos, pero en general son zonas muy cuidadas. Incluso algunos tramos de carretera por los que nos vemos obligados a pasar son de tan escaso tráfico que tendremos suerte si nos cruzamos con algún vehículo.
El robledal mixto, algunas manchas de pinar y la cercanía de los hayedos en las laderas orientadas al norte conforman el bosque atlántico que viste el paisaje.
Queda por último un comentario para las soberbias muestras de arquitectura rural que vamos a encontrar al atravesar el casco urbano de estas pequeñas poblaciones de la zona. Los edificios son los mejores exponentes de la historia de estas poblaciones en las que la casa es el centro de la vida y de la herencia familiar, y describen mejor que muchas otras cosas el modo de ser vasco.
Me siento obligado a mencionar y agradecer a Txema Iriarte y Mariam Irigaray su grata compañía y la colaboración prestada en la elaboración de la ruta.
Ruta paso a paso
Al llegar a una curva encontramos el panel de la GR-9.
En él se describe la etapa y se presenta el mapa del recorrido. De este mismo punto se desvía, en ascenso, el camino que abandona la carretera.
Marchamos a media ladera. A la izquierda un seto, con árboles de bajo porte. A la derecha una alambrada.
Para mantener la altura, en ocasiones podemos observar cómo se sustenta sobre muretes de piedra construidos para soportar la caja del camino.
Enseguida vemos, al fondo, la localidad de Etxaleku. Marchamos sobre zonas de prados. Matorrales de pacharán, espinos y otras especies conforman los setos.
Al entrar tomamos en llano a la izquierda y vamos pasando bajo la iglesia, con el lavadero adosado al muro (muy bien conservado). Más adelante dejamos la posada a la izquierda y después el frontón a la derecha, con un aska bajo el mismo, en la pared. Ascendemos ligeramente (casi llaneamos), hasta llegar al otro lado del pueblo.
A la salida nos encontramos de frente, tras un murete de piedra, dos casas de paredes blancas. Una de ellas tiene la típica rampa elevada para acceder al henil del piso superior.
Dejando ambas a nuestra izquierda, pasando junto a la pared de Casa Azpirozena, primorosamente cuidada, dejamos el pueblo por camino herboso, en llano, bien cuidado, que marcha entre prados, protegido por setos muy tupidos.
Bajo nosotros circula la carretera, paralela al camino. La separa de los prados una barandilla original, con barras horizontales de hormigón.
El paisaje está abierto a grandes extensiones de prados. Al fondo vemos una nave de ganado, pintada de blanco, todavía lejana y un poco en alto. Hacia ella nos dirigimos.
Salimos a la carretera junto a un muro con un aska adosada. La vía es amplia y, al parecer, muy tranquila (al menos nosotros no nos hemos encontrado ni un solo vehículo).
Durante un rato seguimos por ella, en dirección a la nave mencionada, trazando amplias curvas entre el praderío. Algunos fresnos aparecen en la barandilla, a veces encajados en la misma.
Las laderas que cierran el valle presentan hayedos en las laderas orientadas al norte y robledales en las solanas.
Al llegar junto a la nave ganadera, donde la carretera gira a la derecha (Alto de Antxueta), tomamos por pista a la izquierda.
Justo cuando dejamos atrás la nave, el camino se bifurca. Tomamos por la derecha e iniciamos un descenso junto a un barranco arbolado.
La pendiente se agudiza. Nos rodea un bosque con bastantes robles y mucho matorral en el sotobosque.
Salimos más abajo junto a un cruce que desechamos. Seguimos rectos, por la izquierda.
Cuatro minutos después sale del nuestro un camino a la izquierda, hacia un cercano bosque de alerces que no tenemos en cuenta.
Seguimos recto, y un minuto más tarde superamos el arroyo por puente de piedra. Estamos en la muga de Ihaben y Beramendi.
Comenzamos a ascender. El camino está ahora en peor estado, herboso pero irregular y algo embarrado. Los árboles están fuertemente colonizados por hiedras y otras especies. Tenemos cercana la población de Beramendi. Cerca de lo más alto aparece un bosquete de pinos.
A escasos 300 metros de Beramendi (ver fotografía anterior) hay que poner mucha atención. Hemos de tomar un camino que se incorpora al que llevábamos, por la derecha, en ángulo muy cerrado, de tal forma que nos obliga a cambiar bruscamente de dirección, casi volviendo sobre nuestros pasos, en ligero ascenso hacia el este.
Las señales pintadas en los troncos no avisan del giro. Si nos despistamos sólo nos daremos cuenta por la marca en aspa que hay unos metros más adelante en un tronco (en el caso de que continuáramos por el camino que llevábamos.)
Al poco del cambio de dirección hemos de superar un portillo en una alambrada.
Tras la alambrada llegamos a un paraje de viejos castaños en lamentable estado. Sus troncos retorcidos muestran los estragos de la enfermedad. Algunos están caídos en el suelo. Otros, descortezados, todavía se mantienen en pie. Alrededor hay una zona de pasto que aprovechan las ovejas.
Pocos metros más adelante atraviesa el camino un bosque mezcla de robles del país, americanos, hayas y algún pino, para salir, junto a una baliza del GR-9, a la carretera NA-411 que recorre Basaburua.
Tomamos por ella, hacia la derecha, y tras superar la señal del km 4, llegamos enseguida al cruce que se desvía, a la izquierda, hacia Itsaso. Lo tomamos.
A nuestras señales rojas y blancas se unen ahora otras blancas y amarillas que pertenecen a un PR (Pequeño Recorrido).
180
140
Por la izquierda prados. Por la derecha robles.
Nos vamos por una pista de piso muy bien asentado que se desvía perpendicular hacia la izquierda, dando la espalda al casco urbano de Itsaso que quedaba cercano, a la derecha de la carretera (foto anterior).
Aparecen a los lados arbolillos protegidos por tubos de plástico que parecen haber sido plantados como árboles de sombra (algo que en la etapa anterior habíamos visto frecuentemente).
Durante un buen rato ascendemos con suavidad y los prados van siendo sustituidos de nuevo por el bosque de robles.
Alcanzamos un collado (alto de Karrotokogaina).
Comenzamos a descender olvidándonos de una pista que se desvía hacia la derecha.
Se inicia el descenso, bastante pronunciado. Sotobosque muy espeso, con enebros entre el robledal y otros matorrales.
Hay que fijarse, durante el descenso, en las señales. Cuatro minutos después de iniciarlo hay que desviarse por una senda herbosa, no muy marcada, que se mete en el bosque por la derecha.
La senda es algo cerrada y, aunque cómoda de caminar, empieza a estar invadida por algún que otro espino. Se va encajando entre rocas y el suelo aparece algo húmedo (a veces con un arroyuelo entre los pies.)
Violetas, prímulas y saxífragas blancas adornan el sustrato herboso en los primeros días de la primavera.
Cinco minutos después salimos a una senda con alambrada a la izquierda. Mantenemos la dirección mientras descendemos sensiblemente.
Alambrada con escalerilla, a la izquierda de un portillo.
Tras superarla vadeamos un arroyo. La senda se aleja en perpendicular del cauce, encajada entre taludes de tierra. El robledal continúa.
A 100 metros del arroyo (dos minutos después de vadearlo), en una zona encharcada, giramos 90 grados para tomar un camino a la derecha. Hay unas estacas (una pintada de rojo, la otra de amarillo), que señalizan el cambio de dirección.
La senda se desdibuja un poco, en ligero ascenso, entre enebros y argomas. Arbolado joven, rodeado de mucho matorral.
Por la derecha, tras un seto, se abre una zona de prados.
Poco después enlazamos con un camino que viene de la izquierda. En el vértice se abre una puerta metálica entre dos delgados pilones de hormigón, tras la cual encontramos un feo vertedero que no cuadra con el lugar.
Nos vamos hacia la derecha. El camino mejora. Se convierte en pista. Aparecen hermosos acebos en el bosque y nos situamos en la cabecera de un valle que desciende suavemente en dirección norte. Estamos ya en término de Aldatz.
El bosque se abre y da paso a los prados.
Al fondo, por la izquierda, asoma la inconfundible silueta de las Malloas. La pista serpentea y se orienta por la ladera de la derecha tras superar un arroyo. El bosque es ahora mixto de roble y haya.
Un camino que se va paralelo al arroyo (nada más superarlo, está señalizado para indicar que no debemos tomarlo. Ascendemos por la pista principal, sin hacer caso a los desvíos.
El bosque se abre a la derecha, hacia unas bordas. Gira un poco el camino y el bosque se acaba, al tiempo que damos vista a Aldatz.
Un minuto después salimos a una pista cementada que nos va a llevar hasta el pueblo.
Enseguida dejamos a la izquierda unas naves de ganado.
Caminamos entre prados. Alambradas a ambos lados delimitan los pastos mientras nos acercamos al pueblo.
Conforme nos acercamos una corriente de agua corre por la cuneta izquierda.
A la entrada del pueblo nos unimos a un carretil que se dirige hacia la derecha, hacia una casa rural. Un aska junto a la cuneta.
Finalmente...Localidad de Aldatz.
Fin de etapa.
Hermosas viviendas y paisajes conforman este pueblo de Larraun, cercano a Lekunberri.