Arripodas, población documentada desde el s. XII, como otras de la cuenca de Lumbier-Aoiz, fue premio a repartir entre los nobles. En 1456, en plena guerra civil navarra, el Príncipe de Viana que controlaba la cuenca, premió a sus seguidores, como a CARLOS DE ARTIEDA, al que renovó el derecho a los impuestos de los Valles de Arce, Urraul Bajo y Navascués, y de pueblos como Rípodas. CARLOS era el heredero de la familía URIZ-ARTIEDA, unión de linajes de los pueblos del mismo nombre, con numerosas posesiones en la cuenca. Como recuerdo de las luchas fratricidas del s. XV, quedan diversos edificios en la zona: los palacios-torre de Uriz, restos del palacio de Erdozain, (con un hórreo reconstruido), los palacios de Liberri, Ayanz y Artieda, y en Rípodas el palacio, el crucero y la Iglesia.